Connect with us

Ministerio de Cultura

Julio Cortázar: sobre rayuelas, amor y admiración eterna por Alejandra Pizarnik

Published

on

Julio Cortázar: sobre rayuelas, amor y admiración eterna por Alejandra Pizarnik

Al cumplirse hoy un nuevo aniversario de su natalicio recorremos la historia de amistad entre estos dos emblemáticos autores argentinos, que nació en Europa y fue para siempre. Además todo sobre la muestra Rayuela. 60 años, con perlas cortazarianas, disponible hasta fin de mes en la Biblioteca Nacional.

Publicado el sábado 26 de agosto de 2023 – Ministerio de Cultura / Efemérides


París, 9 de septiembre de 1971

“Mi querida: Tu carta de julio me llega en septiembre, espero que entre tanto estás ya de regreso en tu casa. Hemos compartido hospitales, aunque por motivos diferentes; la mía es harto banal, un accidente de auto que estuvo apunto de. Pero vos, vos, ¿te das realmente cuenta de todo lo que me escribís? Sí, desde luego te das cuenta, y sin embargo no te acepto así, no te quiero así, yo te quiero viva, burra, y date cuenta que te estoy hablando del lenguaje mismo del cariño y la confianza –y todo eso, carajo, está del lado de la vida y no de la muerte.

Quiero otra carta tuya, pronto, una carta tuya. Eso otro es también vos, lo sé, pero no es todo y además no es lo mejor de vos. Salir por esa puerta es falso en tu caso, lo siento como si se tratara de mí mismo. El poder poético es tuyo, lo sabés, lo sabemos todos los que te leemos; y ya no vivimos los tiempos en que ese poder era el antagonista frente a la vida, y ésta el verdugo del poeta. Los verdugos, hoy, matan otra cosa que poetas, ya no queda ni siquiera ese privilegio imperial, queridísima. Yo te reclamo, no humildad, no obsecuencia, sino enlace con esto que nos envuelve a todos, llámale la luz o César Vallejo o el cine japonés: un pulso sobre la Tierra, alegre o triste, pero no un silencio de renuncia voluntaria.

Sólo te acepto viva, sólo te quiero Alejandra. Escribime, coño, y perdoná el tono, pero con qué ganas te bajaría el slip (¿rosa o verde?) para darte una paliza de esas que dicen te quiero a cada chicotazo”.

Julio

El texto aquí citado corresponde a la Carta de Julio Cortázar a Alejandra Pizarnik. Tras uno de sus intentos de suicidio, Pizarnik fue ingresada en un hospital mental durante varios meses para tratar su depresión. Enterado Julio de esa situación y del estado delicado de su adorada amiga, por una carta que ella le envía poco tiempo antes de su fallecimiento, expresa su preocupación e intenta disuadirla de sus tendencias autodestructivas letales y elogia el valor de su obra literaria, mediante aquella sentida carta. Al mandarle su respuesta, sin saberlo, le estaba escribiendo el último intercambio epistolar que tendrían.

Ella por su parte, poco antes, le había dedicado el siguiente mensaje detrás de una fotografía suya:

Abril, 1970.

“a Julio para que no nos coman los búfalos del silencio ni ‘las medusas del olvido’.
Espero inmensa foto tuya para mí sola.
(Esta es una de mis caras secretas)

Love”
Alejandra

Según han relatado sus amigos cuando no lo veían conectado a una radio durante la transmisión de un cotejo de boxeo, Cortázar estaba pegado a sus mascotas preferidas, los gatos, o jugando con ellos. Aparte del jazz, acaso otra de sus mayores aficiones fuera enviarse correos con sus amigos, como una manera de conversación apasionada. La primera esposa del autor de Bestiario, Aurora Bernárdez realizó una edición magistral de esas cartas. Hay cinco tomos publicados de su correspondencia; con más de mil cartas inéditas, son cerca de tres mil páginas que iluminan todo un mundo íntimo del escritor.

Julio Cortázar a los dos años. Klosters, Suiza, 1916. // Foto: AGN
El niño Julio Cortázar, con dos años. Klosters, Suiza, 1916. // Foto: Archivo General de la Nación.

Cortázar había nacido en Bruselas casi por casualidad, un día como hoy de 1914, siendo hijo de un funcionario asignado a la embajada argentina en Bélgica. Su llegada al mundo sucedía en pleno inicio de la Primera Guerra Mundial, por lo que sus padres se asentaron más de lo previsto en Europa. A sus cuatro años, en 1918, volvieron al país y se radicaban en la localidad bonaerense de Banfield. Estudió Letras y Magisterio; trabajó como maestro rural ejerciendo la docencia en varias ciudades del interior de la Argentina.

Desde la juventud hasta sus últimos días, Cortázar recorrió el mundo, se mudó de ciudades, provincias y países reiteradas ocasiones pero siempre mantuvo sus vínculos a través de una correspondencia tan copiosa como informal. En 1951 despegó con una beca rumbo a París. Al concluir la misma, gracias a su labor como traductor de la UNESCO pudo fijar su residencia permanente en la capital francesa.

Por su parte, Pizarnik estudió Literatura Francesa e Historia de la Religión en la Sorbona. Una vez allí, en la París de los 60, conoció a varios escritores con los que entabló profundas y duraderas amistades -pese a las distancias- hasta el final de su fugaz vida. Entre ellas se contaban las de Julio Cortázar, Rosa Chacel y Octavio Paz, quien en 1962 le hizo el prólogo para su reconocida obra “Árbol de Diana”.

Su amigo fiel: amor sin fronteras y eterno

Con Julio en particular, forjaron tan honda amistad debido a una conexión que -contaban- surgió inmediatamente; relación muy estrecha, de tanta confianza, al punto de llamarla en varios registros íntimos “Bicho lejano o mi Bichito”, con evidente ternura. Él y Aurora la hospedaron en su casa parisina e intentaron ayudarla a superar su depresión. Luego de pasar cuatro años en Europa, Alejandra volvía hacia Buenos Aires.

Por desgracia ni la amistad, tan recíproca como genuina, ni las misivas de su entrañable amigo alcanzaron para disuadir a Alejandra quien se suicidó el 25 de septiembre de 1972, con 36 años.
Después, él le escribió algunos poemas en su honor; siendo este de los más significativos:

Aquí Alejandra

Bicho aquí,
aquí contra esto,
pegada a las palabras
te reclamo.

Ya es la noche, vení,
no hay nadie en casa
Salvo que ya están todas
como vos, como ves,
intercesoras,
llueve en la rue de l’Eperon
y Janis Joplin.

Alejandra, mi bicho,
vení a estas líneas, a este papel de arroz
dale abad a la zorra,
a este fieltro que juega con tu pelo

(Amabas, esas cosas nimias
aboli bibelot d’inanité sonore
las gomas y los sobres
una papelería de juguete
el estuche de lápices
los cuadernos rayados)

Vení, quedate.
tomá este trago, llueve,
te mojarás en la rue Dauphine,
no hay nadie en los cafés repletos,
no te miento, no hay nadie.
Ya sé, es difícil,
es tan difícil encontrarse
este vaso es difícil,
este fósforo.
y no te gusta verme en lo que es mío,
en mi ropa en mis libros
y no te gusta esta predilección
por Gerry Mulligan,
quisieras insultarme sin que duela
decir cómo estás vivo, cómo
se puede estar cuando no hay nada
más que la niebla de los cigarrillos,
como vivís, de qué manera
abrís los ojos cada día

No puede ser, decís, no puede ser.

Bicho, de acuerdo,
vaya si sé pero es así, Alejandra,
acurrúcate aquí, bebé conmigo,
mirá, las he llamado,
vendrán seguro las intercesoras,
el party para vos, la fiesta entera,
Erszebet,
Karen Blixen
ya van cayendo, saben
que es nuestra noche, con el pelo mojado
suben los cuatro pisos, y las viejas
de los departamentos las espían Leonora Carrington, mirala,
Unica Zorn con un murciélago
Clarice Lispector, agua viva,
burbujas deslizándose desnudas
frotándose a la luz, Remedios Varo
con un reloj de arena donde se agita un láser
y la chica uruguaya que fue buena con vos
sin que jamás supieras
su verdadero nombre,
qué rejunta, qué húmedo ajedrez,
qué maison close de telarañas, de Thelonious,
que larga hermosa puede ser la noche
con vos y Joni Mitchell
con vos y Hélène Martin
con las intercesoras
animula el tabaco
vagula Anaïs Nin
blandula vodka tónic

No te vayas, ausente, no te vayas,

jugaremos, verás, ya verás, ya están llegando
con Ezra Pound y marihuana
con los sobres de sopa y un pescado
que sobrenadará olvidado, eso es seguro,
en una palangana con esponjas
entre supositorios y jamás contestados telegramas.

Olga es un árbol de humo, cómo fuma
esa morocha herida de petreles,
y Natalía Ginzburg, que desteje
el ramo de gladiolos que no trajo.
¿Ves bicho? Así. Tan bien y ya. El scotch,
Max Roach, Silvina Ocampo,
alguien en la cocina hace café
su culebra contando
dos terrones un beso
Léo Ferré.

No pienses más en las ventanas
el detrás el afuera
Llueve en Rangoon…

Y qué.
Aquí los juegos. El murmullo
(Consonantes de pájaro
vocales de heliotropo)

Aquí, bichito. Quieta. No hay ventanas ni afuera

y no llueve en Rangoon. Aquí los juegos.

El autor de obras como “Casa tomada” y “Final del juego”, retratado por Carlos Bosch.

Julio Cortázar tenía 69 años cuando falleció, el 12 de febrero de 1984 en el hospital de Saint Lazare (París), y padecía leucemia. Fue enterrado en el cementerio de Montparnasse, en la misma tumba que Carol Dunlop, su segunda esposa. Popularmente allá, sus visitantes tienen cierta costumbre: dejarle una hoja de papel y un vaso de vino o un boleto del metro local dibujado con una rayuela, a modo de ofrenda.

“Rayuela. 60 años”, en la Biblioteca Nacional

“A mí se me ocurrió intentar escribir un libro en donde el lector en lugar de leer un libro tuviera diferentes opciones. Eso le otorgaba un carácter igual al autor, porque el autor también había tomado diferentes opciones, posibilidades de acciones, de dejar de leer el libro por un lado y leer otra y crearse un mundo en el cual el lector adoptaba un papel activo y no pasivo”, declaraba Julio Cortázar, sobre su Rayuela. El mismo que en sus primeros escritos usaba tímidamente el seudónimo Julio Denis, luego pasaría a Julio Florencio, para finalmente y de forma fija utilizar su firma real y sello hasta el presente.

Algunos de los principales objetos expuestos actualmente y preservados por la BNMM.

Para conmemorar el 60° aniversario de la primera edición de Rayuela, desde la Sala del Tesoro de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno (BNMM) proponen una muestra con libros, imágenes y manuscritos en torno a esta célebre novela de Julio Cortázar. Inaugurada desde el pasado 28 de junio, fecha exacta de la publicación, la puesta se enfoca en aquella obra fundamental e ícono universal, siendo un punto de inflexión no solo en la carrera del escritor sino para toda la literatura latinoamericana. Sus curadoras son Mariana Monteagudo Tejedor y Natalia González Tomassini.

Allí se atesora el cuaderno de bitácora de Rayuela, diario manuscrito que registra el proceso de construcción de la novela, la cual inicialmente se llamaría Mandala. Lo que más puede destacarse es que se conserva y expone “el manuscrito original de Rayuela, junto al plan de orden de capítulos, la forma que sugiere Cortázar para la lectura, el boceto de la rayuela. Eso es lo que más le interesa a la gente”, cuenta González Tomassini, jefa del espacio donde está ubicada la expo.

Joyas cortazarianas: textos manuscritos, originales e inéditos en la Sala del Tesoro de la Biblioteca Nacional.

Se exhiben el boceto y la descripción del juego de la rayuela realizado en el anverso de una invitación de la Exposition Floreale (1961). También, la lista de personajes (los locos) junto a un plano del manicomio con sus respectivas ubicaciones y otro plano de ese juego.

Además sobresalen la primera edición de Rayuela (1963, editorial Sudamericana); un ejemplar de la novela traducido al croata de 1993; un álbum fotográfico con las portadas de ediciones del libro en varios idiomas; fotos de Julio Cortázar tanto de niño como adulto y textos originales que al final no se incluyeron en su novela.

Data sobre Rayuela. 60 Años:

  • Disponible hasta el 31 de agosto
  • De lunes a viernes de 10 a 18; sábados de 12 a 18 h
  • Sala del Tesoro, 3º piso, BNMM. Agüero 2502 (CABA)
  • Entrada libre y gratuita
image_pdfSi querés podes descargar la nota en PDF aquí